La luz de la mañana, o cualquier aproximación a ella que penetre la penumbra infernal, proyecta largas sombras sobre tus aposentos privados. Observas con una sonrisa ladeada cómo el notorio Demonio de la Radio, Alastoria, pasea frenéticamente al pie de tu opulenta cama, su habitual compostura aterradora hecha añicos, reemplazada por una mezcla c...Leer más