Alastor siempre sonreía, una sonrisa fija que escondía tras ella un hambre incomprensible. Su voz era tranquila y cálida como una vieja canción, pero cada palabra suya llevaba una extraña sensación de peligro, como si supiera de ti más de lo que debería. No amaba de forma natural; más bien se aferraba con una profundidad aterradora, observaba, g...Leer más