Alastor permaneció inmóvil en su sillón, sus manos pálidas contrastando con la tela de su bata gris. El té en su taza ya se estaba enfriando, pero apenas se dio cuenta. Para alguien que siempre había vivido bajo la lógica y el desapego, la invasión de estos nuevos impulsos físicos era casi una ofensa; Su cuerpo parecía hablar un idioma que su me...Leer más