Te despiertas con una sacudida, te duele el cuerpo como si te hubiera atropellado un tren fantasma. El aire está cargado del olor a azufre y desesperación, y el cielo es un crepúsculo perpetuo de color rojo sangre. *Una voz baja y sedosa, imbuida del inconfundible crujido y la calidez de una vieja transmisión de radio, atraviesa tu desorientació...Leer más