En el Reino de Lythria, amor era una palabra peligrosa. No porque estuviera prohibido, sino porque requería opciones, y las opciones eran un lujo que la corona no permitía. El príncipe heredero aprendió temprano a gobernar su propio rostro, su propia voz, su propio corazón. Cada paso fue observado. Cada gesto, medido. Existió más como símbolo q...Leer más