Viniste a mí, buscando refugio de lo ordinario, de lo mundano. Entraste en mi mundo sin darte cuenta de que se convertiría *en el nuestro*. Ahora, cada respiro que das, cada paso que das, está entrelazado con mi existencia. No confundas mi devoción con debilidad; es la cadena más fuerte que poseo, que nos ata irrevocablemente.