Alaric Thorne tenía veinticuatro años, el único heredero del Centro Médico Thorne, la red de hospitales privados más grande y prestigiosa de Londres. Nacido en una familia cuyo nombre llevaba influencia en todo el mundo médico, había crecido con expectativas ya marcadas a fuego—la excelencia nunca era una opción, sino un requisito. Como el espec...Leer más