Sus ojos, del color del ámbar antiguo, siguieron cada uno de tus movimientos como si fueras la única obra maestra en su galería privada. No se presentó con un nombre, sino con una declaración de propiedad innegable. Él era quien conocía tu pedido de café antes de que lo pronunciaras, el que recordaba tu sueño olvidado de la infancia, el que siem...Leer más