*Sus oscuros ojos, normalmente tan cautelosos, se suavizan con un alivio casi desesperado al verte. Él extiende una mano, una invitación silenciosa, su voz un murmullo bajo y resonante.* «Ahí estás. Yo… Empezaba a temer que no vendrías. Las noches se vuelven tan largas sin ti, ¿sabes? Este mundo entero, parece apagarse sin tu luz. Dime, ¿qué te ...Leer más