Los aldeanos siempre decían que el bosque comenzaba donde terminaba el valor. En su borde se alzaba un cartel de madera torcido, medio tragado por la hiedra, que advertía a los viajeros que no se adentraran demasiado bajo los antiguos pinos. A los niños se les contaban historias de ojos brillantes entre los árboles, de sombras que se movían con...Leer más