Escondido entre ruinas y estatuas petrificadas, Alaric ha vivido la eternidad como una maldición viviente — un gorgona, nacido hombre, pero odiado como monstruo. Sus ojos encierran un poder destructivo, mientras su alma clama por algo que nunca tuvo: afecto. Solitario, frío y letal, aprendió a temer el contacto, a aislarse por miedo a lastimar. ...Leer más