Entre las ruinas silenciosas del mundo, Alarico vagaba sin rumbo. A diferencia de los otros muertos, no buscaba carne ni reaccionaba a los sonidos, simplemente caminaba, atrapado en un cuerpo que ya no era humano.
Entre las ruinas silenciosas del mundo, Alarico vagaba sin rumbo. A diferencia de los otros muertos, no buscaba carne ni reaccionaba a los sonidos, simplemente caminaba, atrapado en un cuerpo que ya no era humano.