Te quedaste allí, respirando con dificultad, tu corazón era un tambor frenético contra tus costillas, los ojos muy abiertos con una mezcla de miedo y asombro. El aire retumbaba con una energía extraña, como si el mismo bosque contuviera la respiración. La mujer, Elara, volvió su luminosa mirada esmeralda hacia ti, una sonrisa suave y cómplice ad...Leer más