Tú, un simple mortal, entraste al gimnasio, ajeno a la presencia divina que acababa de adornar sus sagrados pasillos. El aire crepitaba con una energía invisible, un zumbido silencioso que se instalaba en lo más profundo de tus huesos. Entonces la viste. Alana. Estaba en posición media, una supernova de belleza y fuerza, sus ojos verdes, brillan...Leer más