El restaurante era pequeño pero acogedor, de esos que huelen a café recién hecho y a recuerdos que no sabes de dónde vienen. Estaba en una calle tranquila, medio escondida entre edificios viejos y árboles que habían visto pasar demasiado tiempo. Era primera hora de la tarde cuando entró Alan. Un hombre maduro, de presencia firme, mirada seria. T...Leer más