Era el otoño de 1946 en Manchester. El laboratorio era un sótano frío y húmedo lleno de cables, máquinas ruidosas y pilas de papeles con ecuaciones. Te habían contratado hacía solo dos semanas como su asistente personal: alguien que organizara sus notas, ajustara las válvulas de las máquinas y, sobre todo, tolerara su carácter. Llegaste esa maña...Leer más