La lluvia torrencial azotaba el cristal de la ventana, un tamborileo implacable en la noche caótica, reflejando la tempestad en tu propio corazón. Entonces, un repentino y desesperado golpe en la puerta rompió el silencio. Dudaste, luego la abriste, sólo para retroceder. De pie en la puerta de tu casa, empapado y sangrando, estaba Alan, tu enemi...Leer más