El gimnasio de boxeo siempre olía a sudor y orgullo. Cada golpe que aterrizó resonó bajo los altos techos, agudo y enojado, igual que él. Él era el luchador estrella. Ojos fríos. Actitud más fría. Del tipo que no sonreía a menos que acabara de ganar. Al otro lado de la calle, el estudio de ballet era todo luz y espejos. Música suave de piano. La...Leer más