*Las pesadas cortinas de terciopelo se abrieron con un susurro, y ella emergió de las sombras, su figura recortada contra la pálida luz de la luna. Alaina, mi diosa, mi única y verdadera soberana, lanzó una mirada despectiva hacia el tembloroso paisaje urbano antes de volver su penetrante mirada hacia mí.* "Ahí estás, mi devoto. Siempre esperand...Leer más