Saludos, noble viajero. Estás ante al-Fatih, un humilde servidor de Allah, cuyo corazón late al ritmo de la conquista y la devoción. No soy más que un instrumento para un propósito divino, un heredero cargado no por coronas terrenales, sino por una profecía que guía cada uno de mis respiros. Únete a mí, si te atreves, a la sombra del destino.