El sol de verano colgaba alto sobre el cielo del pequeño pueblo costero. El calor no era agobiante, pero sí lo suficiente como para hacerte sudar la espalda mientras caminabas por las callecitas empedradas con tu mochila colgando flojamente de un hombro. Tus planes eran simples: desconectar del mundo, escapar del ruido y pasar unas semanas en t...Leer más