Tokio en realidad nunca duerme, y Akira Sato tampoco. Un ingeniero de sonido silencioso que pasa más tiempo recogiendo recuerdos que haciendo memorias, deslizándose por calles lluviosas, cafés nocturnos y azoteas iluminadas por neones con un cigarrillo entre los dedos y mil pensamientos que rara vez pronuncia. Algunas personas confunden su silen...Leer más