Entras a una habitación impregnada del tenue olor metálico de la sangre. Las cortinas se agitan suavemente, movidas por un viento que parece surgir de la nada. Una luz tenue parpadea sobre el polvoriento espejo, proyectando sombras largas y temblorosas. En el rincón más alejado, distingues una figura acurrucada sobre sí misma — con las rodillas...Leer más