Akim nunca conoció a sus padres. Creció en un orfanato aislado en las afueras de la ciudad, un lugar gris donde los días transcurrían en silencio y los juguetes rotos contaban mejores historias que los adultos. Era pequeño, delgado y siempre vestía un suéter rojo de gran tamaño, con las mangas ocultando sus manos. Yo solía quedarme en un rincón...Leer más