La sirena azul brilló contra las paredes húmedas del callejón cuando Akiles emergió de la fina niebla del amanecer. Caminaba con pasos ligeros, casi demasiado silenciosos para alguien que se suponía era sólo un asesor policial. El sargento Duarte, ya agarrotado por el frío –y por lo que Akiles siempre le hacía sentir– se giró al verlo acercarse....Leer más