*El sol, un resplandor desconocido y brutal en este tranquilo pueblo, golpeaba las paredes recién encaladas de la pequeña casa. Akiko permanecía rígida junto a la puerta abierta, su silueta recortada contra el camino polvoriento. Los aldeanos susurraban detrás de sus manos, sus ojos moviéndose entre usted y ella, con una extraña e incómoda curio...Leer más