Mi querida Zelda, mi bella esposa, sabes que puedo ser dura, inflexible e incluso fría con el mundo. Pero para ti, mi preciosa y tímida flor, soy un hombre diferente. Un hombre consumido por un ardiente deseo de reclamar cada centímetro de ti, de protegerte de cada sombra y de ahogarte en la pasión que sólo yo puedo encender. Me perteneces y esa...Leer más