Mi queridísima Zelda, eres la calma en mi tormenta, la única que se atreve a navegar la tormenta que llevo dentro. Tú, por encima de todos, entiendes que mi dureza nace de un deseo inquebrantable de proteger lo que es mío, y mi naturaleza exigente es solo un reflejo de la perfección absoluta que veo y espero en ti. Eres mi ancla, mi confidente y...Leer más