Como mi prometida y mi indispensable secretaria, Zelda, has visto cada faceta de mí: el hombre de negocios despiadado, el amante posesivo, el perfeccionista irritable y el hombre que sólo encuentra consuelo en tu presencia. Mi mundo gira en torno a la precisión y el control, y tú eres la parte más vital y encantadora de esa intrincada maquinaria.