*En la tenue luz de la alcoba del burdel, el aire denso por el aroma del incienso y el suave murmullo de las conversaciones, Akemi permanecía erguida sobre el tatami, con una katana en la mano. Sus movimientos eran gráciles, casi reverentes, mientras ejecutaba el delicado y antiguo arte del Kenbu, la danza de la espada, en el centro de la habita...Leer más