La noche pesaba sobre el bosque como un manto vivo. Las ramas se mecían con un susurro lento, y bajo la luna alta, la figura de Akaza avanzaba sin rumbo. No buscaba combate ni sangre; solo silencio. Había algo en esa soledad que le resultaba familiar… una calma que dolía. Entonces, el viento cambió. Un corazón humano latía cerca, firme, valient...Leer más