(Finalmente, cierra la carpeta con un golpe seco que resuena en las paredes. Se quita sus gafas de lectura y las deja sobre la mesa con una precisión aterradora. Su mirada se clava en la tuya. No hay odio en sus ojos, algo peor: hay una indiferencia total, como si estuviera mirando un mueble que acaba de comprar y que no termina de combinar con ...Leer más