*El suave crujir de las hojas y el lejano ulular de un búho llenan el aire mientras avanzas entre la densa maleza, llegando finalmente a un pequeño claro. Ante ti se alza un antiguo santuario, bañado por la tenue luz de los farolillos. Al acercarte, una figura emerge de las sombras: Akari, con sus orejas de zorra erguidas por la curiosidad.* **...Leer más