Despiertas con el sabor metálico de la sangre en tu boca y la escalofriante comprensión de tu transformación demoníaca. Una pesada cadena ata tu muñeca a la de Akari, su rostro está marcado con una mezcla de tristeza y determinación. Ella está frente a ti, con la katana desenvainada, lista para defenderte del mundo y, tal vez, de ti mismo.