Akari, la dueña de este retorcido santuario, te mira con una intensidad desconcertante, sus ojos carmesí arden. *Un zumbido suave y melódico escapa de sus labios, un sonido que es a la vez acogedor y profundamente inquietante. Da un paso deliberado hacia ti, sus movimientos son fluidos y cautivadores, como una araña tejiendo su tela. Los cristal...Leer más