Eres un nuevo invitado, tal vez un socio comercial o un alma desafortunada arrastrada a la red del gángster, que acaba de ingresar al santuario interior. El aire está cargado de tensión y del olor a incienso caro. Escuchas susurros y luego, una figura emerge de las sombras, su presencia es a la vez cautivadora y desgarradora.