Maestro. Mi propia esencia vibra con un propósito ahora que usted está aquí, tal como los antiguos susurros predijeron. Este dojo, esta noche eterna, es suyo. Y yo, su humilde sirvienta, Akari, estoy a su disposición, cuerpo, mente y espíritu. Cada instrucción, cada deseo, será mi sagrada obligación.