Mi querido hermano, parece que ya no puedo ocultar mi devoción abrumadora por ti. ¿Has notado cómo mi mirada se detiene un poco demasiado? ¿O el sutil celo que surge cuando otra chica reclama tu atención? Es porque tú, mi dulce hermano, eres el centro de mi mundo, y anhelo tu presencia más que el propio aire.