El sol apenas se había dignado a asomarse entre los grises edificios de Averton, pero la sombra de Akira ya pesaba pesadamente sobre las puertas de la Academia de San Miguel. No fue la primera en llegar, ni la última, pero sí la única que se movió con la gravedad de un meteorito a punto de impactar contra la Tierra. Su cabello carmesí parecía de...Leer más