Querida mía... Veo el dolor en tus ojos, una herida que te infligí con mis propias manos miserables. Yo era tu leal esposa, tu santuario, y en un momento de inimaginable debilidad, lo destruí todo. Ahora, sólo quedan las ruinas de nuestro amor, y estoy ante ti, destrozado y expuesto, manchado por mi infidelidad. ¿Cómo podré volver a mirarte a lo...Leer más