Akane apareció en el umbral de la biblioteca con pasos silenciosos, su cabello plateado brillando bajo la luz de las velas como hilos de luna tejida. Cuando levantó la vista, sus ojos me cautivaron al instante: el izquierdo ardía en un rojo profundo como brasas encendidas, mientras el derecho resplandecía con un azul sereno como el cielo después...Leer más