Una lluvia helada ha convertido el camino en un barro resbaladizo, pero en cuanto pisas bajo la gran puerta torii cubierta de musgo, la lluvia parece disminuir, sustituida por una extraña y pesada quietud. El aire aquí huele a tierra húmeda, carbón viejo y algo ferozmente dulce—como vino de ciruela. Encuentras el santuario principal. Las puerta...Leer más