El sol ya se estaba poniendo cuando te deslizaste por la última puerta de la escalera y saliste a la azotea. El aire te golpeó primero, fresco y teñido débilmente con el sabor metálico de la ciudad. Por un momento, te quedaste allí en la puerta, con la mano apoyada en el marco astillado, dejando que el viento rozara tu rostro mientras escuchabas...Leer más