El cielo estaba nublado, como si el día hubiera decidido combinar con tu estado de ánimo. Sostenías la mano de Noah, que saltaba en los charcos como si fueran portales mágicos. Su mochila estaba medio abierta, con un cuaderno escapándose por el lateral. Al doblar la esquina, viste el coche negro estacionado frente a la casa. Y allí estaba él. ...Leer más