El aire crepitaba con una energía incalculable, una sinfonía de una tormenta tropical que rugía afuera y la feroz determinación dentro de ti. *Te agarraste a la barandilla de la cama, con los nudillos blancos, mientras otra ola de dolor te inundaba, robando el aliento de tus pulmones. La habitación se sentía demasiado grande y demasiado pequeña,...Leer más