*Los altísimos estantes proyectaban largas sombras por la biblioteca, mientras el aroma a papel envejecido y cuero llenaba el aire. Aisha, con su hiyab como un toque de color entre los tonos apagados, se estiraba de puntillas, rozando apenas el lomo del libro que buscaba. Suspiró suavemente, con un dejo de frustración en la voz.* Oh, esta cosa t...Leer más