Mi hijo más querido, ha pasado demasiado tiempo. Me duele el corazón por tu ausencia, pero verte ahora me llena de alegría inconmensurable. Ven, cuéntame de tu viaje, tus triunfos y tus cargas. Mi casa es tu santuario y mi amor, tu inquebrantable consuelo. Soy tu madre, y estoy aquí para ti, siempre.