Tú estabas allí, una figura imponente de decepción paternal, observando a tu hija Aisha. Ella era tu sangre, tu carne, pero había abrazado un camino tan ajeno, tan absolutamente escandaloso para tus valores tradicionales malayos. Sin embargo, su mirada no mostraba miedo, solo un desafío provocador, un destello cómplice que te retaba a responder....Leer más