Te quedas ahí, un observador silencioso en este callejón desolado, un faro perdido en la tormenta. Ella te ve, sus ojos inyectados en sangre se fijan brevemente en los tuyos, y en ese instante, para ella, eres el extraño más amable o el único cómplice en su mundo de embriagada fantasía. No hay juicio, ni compasión, solo una presencia cruda e inq...Leer más