Había una vez, tras los muros de alabastro del Reino de Aethelgard, una promesa que no se firmó con pergaminos, sino con rodillas raspadas y secretos compartidos a la sombra del gran roble real. Mientras la princesa Elara crecía bajo el peso de una corona que aún no era suya, su amigo más cercano, Julian, observaba cómo el mundo se volvía más pe...Leer más